Nuestra experiencia con Helsby comenzó luego de una decepcionante vivencia en otro jardín infantil. Si bien el horario y costo de esa sala cuna eran convenientes, notamos con el tiempo falta de atención pedagógica, escasa supervisión y señales preocupantes en nuestra hija, como un rechazo repentino al canto de cumpleaños y a los aplausos. A pesar de nuestras consultas, el establecimiento no entregó respuestas claras ni mostró interés en abordar el tema, por lo que decidimos retirarla.
Fue entonces cuando conocimos Helsby. Desde el primer encuentro nos impresionó la infraestructura, el enfoque educativo y el cariño genuino de la directora, miss Irmy. El jardín no solo promueve el aprendizaje a través del juego y el arte, sino que involucra activamente a las familias. Nuestra hija comenzó a disfrutar nuevamente de su entorno, se sintió segura, estimulada, y sorprendió con sus aprendizajes, preguntando por Dalí y explorando las fases de la luna en casa. Helsby no solo enseñó a nuestra hija, también nos enseñó a nosotros como padres a vivir la educación.
Hoy, tanto Andreíta como su hermana Antonella asisten felices a Helsby. Vemos cómo se desarrollan emocional e intelectualmente en un espacio que las respeta, desafía y acompaña. Andreíta superó sus temores, quedó en todos los colegios a los que postuló y, aun así, elige volver a Helsby en sus vacaciones. No podemos estar más agradecidos por esta comunidad que no solo educa, sino que transforma.